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José Barta Juárez: Soufflé contra Burbuja
Desde hace
años, los analistas del sector inmobiliario, insistimos en el anormal
crecimiento de los precios de las viviendas, muy por encima del de los salarios
o del IPC, lo que produce una situación de grave incertidumbre en relación con
la sostenibilidad de este proceso. Desde hace unos meses se aprecia la
ralentización del crecimiento de dichos precios (que no la caída de los mismos),
lo que algunos han dado en llamar el fin de la burbuja inmobiliaria, y otros,
quizás desdramatizando las posibles consecuencias, hablan de aterrizaje suave de
los precios, con la consiguiente comparación del fenómeno con un avión o con un
globo aéreo. Personalmente deseo manifestar mi discrepancia respecto a dichos
símiles. Nunca he creído que el término burbuja (tanto en su expresión popular
como en su versión financiera) pudiera ser aplicable a este sector, en nuestro
País. El estallido de una burbuja conlleva que el diferencial entre el precio,
de un activo, y su valor presente descontado de sus rendimientos esperados,
pase, por ejemplo, de 100 a 0. Esto nunca puede suceder con un mercado, como el
residencial, en el que más del 90% de los activos se encuentra en manos de
personas físicas, en su mayoría familias, salvo que se produzca una hecatombe
económico-social por una grave caída del empleo. Y no puede suceder porque la
mayoría de dichos activos están destinados a vivienda principal de sus
propietarios. Otro análisis distinto exigiría la segunda vivienda. El símil del
avión, por lo que de control de la situación tiene también lo descarto, así como
el del globo, por todo lo contrario. Yo prefiero hablar de efecto soufflé, que
es el que ha hecho subir e hincharse a los precios, con el calentamiento por los
bajos tipos de interés, del alargamiento de los plazos de amortización de las
hipotecas y por el ventajoso tratamiento fiscal a la compra de vivienda frente
al alquiler. Al enfriarse el entorno la hinchazón disminuye, pero siempre se
conserva un apreciable volumen y consistencia. Se que a mi admirado Julio
Rodríguez esta expresión no le gusta, por su reminiscencia culinaria, claro que
a mi lo de la burbuja me suena a pompa, con reminiscencias sanitarias.
José Barta
27-1-2007